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BUDISMO

EL CAMINO DEL DIAMANTE

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El Buda Sakyamuni impartió tres niveles de enseñanzas dependiendo de los potenciales de sus estudiantes: Theravada- El Camino Angosto, Mahayana- El Gran Camino y Vajrayana- El Camino del Diamante. Las enseñanzas Vajrayana están enfocadas a los estudiantes que ven al Buda no como un dios, una persona o una fuerza externa sino como un espejo de su propia mente.

En esencia, este camino tiene tres enfoques: la devoción, los métodos y la penetración en la realidad. La mente se reconoce a sí misma por medio de su poder de identificación, su energía o su capacidad de darse cuenta. Si nuestro maestro es confiable, la meditación Guru-Yoga, es la forma de contacto más directa con la iluminación.

Estos métodos nos permite incluir la meditación en las situaciones más cotidianas de la vida, y así reconocer la naturaleza perfecta del aquí y ahora y activar todas las cualidades del estudiante. Dondequiera que haya algún grado de devoción, la meditación del Guru-Yoga es la primera elección significativa que el practicante debe hacer. Su base es la confianza en que las cosas son en esencia puras, que no necesitamos morir para estar en una Tierra Pura ni ir a otro lugar para ver a los Budas y que lo único que necesitamos hacer es eliminar nuestros propios velos.

El Buda despertó las cualidades inherentes a los sistemas energéticos de los seres. Emanando externamente como Budas individuales masculinos o femeninos o transformando su propio cuerpo en forma de luces en unión, dió acceso a sus alumnos a una verdadera retroalimentación iluminada. Entonces, dependiendo de sus deseos y habilidades, éstos podían meditar en las manifestaciones pacíficas o protectoras del desdoblamiento pleno de la mente que fueran más adecuadas para ellos y provocar así los tan deseados cambios que transcienden el nivel realmente personal.

Los mantras correspondientes enlazan sus vibraciones con los aspectos del Buda, desarrollando cualidades liberadoras en el habla. Por medio de la fase de fusión con los Budas y de permanecer en esa consciencia sin centro ni contorno, se consigue una claridad sin esfuerzo. El reconocimiento de que el espacio y el gozo son inseparables debe posteriormente desarrollarse en la experiencia duradera del Mahamudra, siempre presente en todo lugar y en toda situación.

La misma meta se obtiene a través del camino de la penetración en la realidad última de las cosas. Dado que no tiene como requisito previo que se lleven a cabo largos retiros ni exige condiciones físicas extremas como las que necesitan las prácticas de los otros niveles de enseñanzas, es el enfoque más adecuado para el mundo moderno, pero, también, el que menos tiempo toma para producir resultados.

Después que la mente se aquieta al dirigir toda nuestra atención hacia la respiración, hacia un objeto ordinario exterior o hacia la figura de un Buda, la intuición y la penetración en la realidad surgen naturalmente. A este espacio-consciencia que se desarrolla en el camino de la penetración también le siguen los cuatro niveles del Mahamudra. La mejor forma de reconocer la mente en la vida diaria es por medio de la identificación con un lama compasivo que esté más allá del miedo.

Extraído de: Las cosas como son, Lama Ole Nydhal

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